miércoles, 14 de diciembre de 2011

CUANDO LLEGA LA MUERTE

La muerte llega al individuo, en el sentido común del término, cuando desaparece del cuerpo físico la voluntad de vivir y es reemplazada por la voluntad de abstracción.

Cuando la causa -el deseo- ha producido su efecto -la personalidad o aspecto forma del hombre- mientras exista la voluntad de vivir, persistirá la forma. Se mantiene en manifestación por la vitalidad mental. Esto ha sido demostrado repetidas veces en los anales de la medicina, porque se ha comprobado que mientras persiste la determinación de vivir así será la probable duración de la vida en
el plano físico; pero desde el instante en que falta esa voluntad o
cuando el morador del cuerpo ya no centra su interés en la manifestación de la personalidad, se produce la muerte y la
desintegración de esa imagen mental, el cuerpo. (17-333)

Cuando la vida o espíritu se retira, esotéricamente la forma muere.
Cuando el pensamiento del Ego o Yo superior, se ocupa de su propio plano, ninguna energía va hacia la materia de los tres mundos,
de manera que no es posible construir formas ni apegarse a ellas, lo
cual está de acuerdo con la verdad oculta de que "la energía sigue al pensamiento", y también con la enseñanza de que el cuerpo del
principio Crístico (el vehículo búdico) sólo comienza a coordinarse a medida que desaparecen los impulsos inferiores... El apego a la
forma, o la atracción que ejerce la forma sobre el espíritu, es el
gran impulso involutivo. El rechazo de la forma y su consiguiente
desintegración es el gran impulso evolutivo. (17-333)

La muerte sobreviene como resultado de dos cosas:
1.   La lucha entre las fuerzas, no entre la energía y las
fuerzas. La zona de conflicto existe en el cuerpo etérico y en el
físico, y ninguna energía penetra del exterior, porque el hombre se
halla gravemente enfermo.

2.   La pérdida de la voluntad de vivir. El paciente ha cedido; la
lucha interna es muy grande para él; no puede traer energía del
exterior para combatir las fuerzas antagónicas, y ha llegado a la
etapa en que no desea hacerlo. (17-436)

Será evidente que este Principio de Conflicto está estrechamente
relacionado con la muerte. Por muerte quiero significar la extracción de las condiciones de la forma -física, emocional o mental-, o la cesación del contacto (temporaria o permanentemente) con la forma física, con el espejismo astral y la ilusión mental; o el rechazo de maya, nombre dado a ese efecto omnincluyente que abruma al hombre sumergido en el materialismo de cualquier tipo y, por lo tanto, dominado (desde el ángulo del alma) por la vida en los tres mundos. Es el Principio del Conflicto, latente en cada átomo de sustancia, que produce ante todo conflicto, luego renunciación y finalmente emancipación; trae cualquier tipo de guerra, luego rechazo y finalmente liberación. Este principio, como podrá verse, está estrechamente relacionado con la Ley de Karma; a este principio se refiere Annie Besant cuando habla en uno de sus libros de que la
sustancia de la cual están hechas todas las formas, se halla -desde
el alborear del proceso creador- contaminada de karma. Un profundo
significado, oculto en la idea a menudo expresada, de que la muerte
es el gran Liberador, subyace en el Principio de Conflicto, que ha
conseguido establecer condiciones por las cuales el aspecto espíritu
se libera (temporaria o permanentemente) del aprisionamiento que
significa vivir en determinado tipo de forma, ya sea individual o
grupal. (18-498)

Es interesante observar que esta incapacidad para expresar lo
verdadero o para "ser la Verdad", es la causa real de la muerte,
entre los hombres que no han llegado a la etapa del discipulado o
todavía no han recibido la primera iniciación. El alma se cansa de
responder a la fricción de su instrumento y determina concluir la
experiencia en esa particular encarnación. La muerte, por lo tanto,
sobreviene como resultado de la fricción iniciada. (17-416)

Debe observarse también que la muerte se produce bajo la
dirección del ego, no importa que el ser humano no tenga conciencia
de esa dirección. En la mayoría, este proceso ocurre automáticamente, pues en el momento en que el alma retira su atención, la reacción inevitable en el plano físico es la muerte, ya sea por la abstracción de los hilos duales, de vida y de energía razonadora, o por la abstracción del hilo de energía calificado como mentalidad, dejando a la corriente de la vida funcionar a través del corazón, pero sin conocimiento inteligente. El alma está en otro lugar, ocupada en su plano y en sus propios asuntos. (4-361)

 El destino del hombre es morir, pues todo hombre debe morir al
requerimiento de su propia alma. Cuando el hombre ha alcanzado una
etapa superior en la evolución, deliberada y definidamente elegirá el momento en que conscientemente se retirará de su cuerpo físico, el cual permanecerá silente y sin alma, desprovisto de luz, sin embargo, ileso e íntegro; entonces se desintegrará de acuerdo con el proceso natural, y los átomos que lo constituyen volverán "a la reserva de los entes que esperan", hasta ser nuevamente requeridos para que los empleen las almas encarnantes.

 Entonces se repite el proceso en el aspecto subjetivo de la vida,
pero muchas almas ya han aprendido a retirarse del cuerpo astral sin
someterse a ese "impacto en la niebla", una forma simbólica de
describir la muerte de un hombre en el plano astral. Luego pasa al
nivel mental y deja su carcasa astral para aumentar la niebla y
acrecentar su densidad. (17.31/2)

La muerte, en lo que concierne al ser humano, se debe a la
intención y al retiro planeado del alma, presionada por su propia
intención formulada. En cierta medida esto es verdad para todo aquel
que muere, excepto para quienes poseen una inteligencia de grado tan
inferior que el alma prácticamente no es más que un agente
influyente. Para todos los que mueren, evolucionados o no, las
posteriores etapas de la disolución comienzan después del retiro
consciente del alma (consciente por parte del alma, y llegando a ser
cada vez más consciente la persona agonizante), llevado a cabo por la vida planetaria misma, que posee el poder de conferir la muerte.

Por el desarrollo de la buena voluntad, la voluntad de las buenas
intenciones y móviles, se logrará la curación de las enfermedades de
la tráquea, los pulmones y la garganta, la estabilización de las
células cerebrales, la cura de la demencia y las obsesiones y se
obtendrá equilibrio y ritmo, lográndose la longevidad, pues la muerte debería ser el reconocimiento, por parte del alma, del trabajo realizado y el merecido Pralaya, que sólo tendrá lugar posteriormente en prolongados y separados períodos y será determinado por la voluntad del hombre, quien cesará de respirar cuando haya terminado su trabajo, enviando entonces los átomos de su cuerpo al Pralaya. Entonces el cuerpo físico duerme, termina la manifestación, y el significado oculto de esto aún no ha sido comprendido. (17-88)

Les pediría recordar que en estas consideraciones nos ocupamos
de las reacciones y actividades del alma, cuando deliberadamente
atrae hacia sí su aspecto encarnado, porque ha concluido un ciclo de
vida. El término de ese ciclo puede ser largo o corto, de acuerdo al
propósito involucrado; puede abarcar sólo unos pocos años o un siglo.

Previamente al séptimo año, la vitalidad del elemental físico
constituye mayormente el factor determinante. El alma está entonces
enfocada en el cuerpo etérico, pero no utiliza plenamente todos los
centros; apenas ejerce un suave control pulsativo y una tenue
actividad impulsora, suficiente como para mantener la conciencia,
vitalizar los variados procesos físicos e iniciar la manifestación y
disposición del carácter. Esto se acentúa acrecentadamente hasta los
veintiún años, cuando se estabiliza en lo que llamamos la
personalidad. En el caso de los discípulos, el aferramiento del alma
sobre los centros etéricos, será más poderoso desde el mismo comienzo de la existencia física. Alrededor de los catorce años se determina la cualidad y naturaleza del alma encarnada y su edad o experiencia aproximada, los elementales físico, astral y mental quedan bajo control, y el alma, el hombre espiritual que mora internamente, ya ha determinado las tendencias y preferencias de la vida. (17-341)

En la familia humana sobreviene la muerte cuando el alma retira
los hilos de la conciencia y de la vida; sin embargo este proceso de
la muerte es aplicado en su totalidad dentro de los tres mundos. El
alma tiene, como bien saben, su ubicación en los niveles superiores
del plano mental. En conexión con las formas de expresión a las que
me he referido -ciclos, civilizaciones, culturas, razas, reinos de la naturaleza, etc.-, su destrucción se lleva a cabo desde fuentes más elevadas que los tres mundos donde se manifiestan. La destrucción tiene lugar bajo la dirección de Shamballa al evocar la voluntad de la Jerarquía, o de algún ashrama particular, o de determinado miembro de la Jerarquía, a fin de obtener un predeterminado resultado en los tres mundos, de acuerdo con el propósito de Dios. Podría decirse (con cierta medida de exactitud esotérica) que la destrucción producida, en obediencia a la cuarta palabra de la Regla Catorce, corresponde a algún aspecto del plan, que ha estado operando en los tres mundos de acuerdo al propósito e intención divinos.

 Externamente la destrucción no es concluyente como la muerte -en el
plano físico- del hombre. Aunque ése no sea esencialmente el proceso
que se lleva a cabo con toda rapidez como comúnmente se cree. La
forma física puede morir y desaparecer, pero sobreviene un proceso
interno donde mueren los cuerpos sutiles, y el proceso de morir no es total hasta que los cuerpos astral y mental no se hayan desintegrado y el hombre queda liberado en su cuerpo causal o egóico. Lo mismo sucede, en escala más amplia, respecto a la muerte o destrucción de las fases del Plan divino, manejadas por la Jerarquía conforme al Propósito divino. Existe una superposición entre los procesos de construcción y destrucción. Las civilizaciones moribundas están presentes en sus formas finales, mientras van surgiendo las nuevas civilizaciones; los ciclos aparecen y desaparecen, y al desaparecer se superponen; lo mismo ocurre en el surgimiento y la desaparición de los rayos y las razas. La muerte, en último análisis, y desde el punto de vista del ser humano común, es simplemente la desaparición en el plano físico, el de las apariencias. (18-257)

lunes, 12 de diciembre de 2011

CONSCIENCIA DE LA MUERTE

La muerte es solo un intervalo en una vida de progresiva acumulación
de experiencia... índica una transición definida de un estado de
conciencia a otro.

La muerte, en realidad, es inconsciencia de aquello que puede estar actuando en una forma, pero en una forma de la cual la entidad
espiritual es totalmente inconsciente. (17-328)

Muerte es, esencialmente, cuestión de conciencia. En cierto momento estamos conscientes en el plano físico; en otro, nos retraemos a otro plano y estamos allí activamente conscientes.

En el caso de los iniciados esto es algo diferente, porque con
frecuencia permanecen plenamente conscientes durante el proceso de la muerte. Para los discípulos, la destrucción de las formas no es la muerte en el sentido que nosotros la entendemos, sino sencilla y únicamente un proceso de liberación.

El alma, por medio del alineamiento, comienza a utilizar
correctamente el tiempo; o mejor dicho, el cerebro, que es el único
factor consciente del tiempo en el hombre, ya no es el atributo
predominante; la mente, como agente del alma (cuya conciencia incluye el pasado, presente y futuro), ve la vida y la experiencia tal como realmente es. Por lo tanto se habla de la muerte como de un episodio y como el punto de transición en una vasta serie de transiciones. Cuando sea comprendida esta actitud del alma se alterará totalmente la técnica de vivir, e incidentalmente la de morir. (17-260/1)

Consideraremos a la muerte como otro paso en el camino hacia la luz y la vida... (22-237)

En las etapas posteriores de la vida llega la cristalización de la forma, y el hombre reconoce lo inadecuado de la misma, entonces sobreviene la feliz liberación llamada muerte, ese solemne momento en que el "aprisionado espíritu" escapa de los muros de su forma física. (19-48)

Me refiero a la muerte como la gran Liberadora que destruye las formas que provocan la muerte de lo que está corporificado. (16-405)

Reiteradamente he dicho que la Jerarquía actúa sólo con la naturaleza espiritual o con el alma de la humanidad, y que -para el Maestro- la forma tiene relativa importancia. El hombre espiritual considera, como el máximo bien, la liberación de la triple forma, siempre que de acuerdo a la ley, le llegue como resultado de su destino espiritual y decisión kármica; no debe venir como un acto arbitrario, o una escapatoria de la vida y sus consecuencias en el plano físico, o como autoimpuesta. (17-482/3)

Es interesante observar aquí que la muerte está regida por el
  Principio de Liberación, y no por el de Limitación. La muerte es
  reconocida sólo como un factor que concierne a las vidas
  autoconscientes, pero es mal interpretada por los seres humanos, que son los más ilusos y engañados de todas las vidas encarnadas.

Como conozco el tema, tanto por la experiencia en el mundo externo como por la expresión de la vida interna, diré que: La muerte no existe. Como bien saben, hay una entrada en una vida más plena. (4)

La Ley de Muerte y Sacrificio, rige la gradual desintegración de las formas concretas y su sacrificio a la vida evolucionante(17-305/6)

La ley de Sacrificio y Muerte es el factor que controla en el
  plano físico. La destrucción de la forma, a fin de que pueda
  progresar la vida evolucionante, es uno de los métodos fundamentales en la evolución. 17-305)


Un Maestro aprende el significado de cada forma limitadora,
  asume el control y aplica la ley en el plano que corresponde a la
  forma. Habiendo trascendido la forma, la desecha por otras formas
  superiores. Así progresa constantemente a través del sacrificio y de la muerte de la forma. Reconoce que ella siempre aprisiona, que hay que sacrificarla y morir para que la vida interna progrese
  rápidamente hacia adelante y arriba. El camino de resurrección
  presupone la crucifixión y la muerte; luego conduce al Monte donde
  tendrá lugar la Ascensión. (17-338)

El todo debe ser considerado de importancia más vital que la parte, y esto no es un sueño, visión, teoría, deseo ansioso, hipótesis o anhelo. Debe considerárselo como una necesidad innata e inevitable. Significa la muerte, pero la muerte como belleza, alegría, espíritu en acción y la consumación de todo lo bueno. (17-322)

La muerte no es más que el método para reenfocar la energía, antes de iniciar una actividad progresiva que conduzca eterna y constantemente hacia el mejoramiento. (17-223)

Para el alma libre, la muerte y la apropiación de una forma y el consiguiente sumergimiento de la vida en la forma, son términos
  sinónimos. (17-323/4).

El temor y la morbosidad que el tema de la muerte comúnmente
  evoca y la poca disposición para encararlo con comprensión, se debe a que la gente pone excesivo énfasis sobre el cuerpo físico, a la
  facilidad de identificarse con él y a que está basado en el temor
  innato a la soledad y a la pérdida de las cosas familiares. Sin
  embargo, la soledad que acontece después de la muerte, cuando el
  hombre se encuentra a sí mismo sin un vehículo físico, no tiene
  comparación con la soledad del nacimiento. Al nacer, el alma se halla en un nuevo ambiente, sumergida en un cuerpo que al principio es totalmente incapaz de valerse por sí mismo o de establecer un
  contacto inteligente con las condiciones circundantes, durante un
  largo período. El hombre viene a la encarnación sin recordar la
  identidad, o lo que para él significa el grupo de almas en esos
  cuerpos con quienes está relacionado; esta soledad desaparece
  gradualmente, y sólo cuando establece sus propios contactos
  personales, descubre a los que congenian con él y eventualmente reúne a su alrededor a quienes considera sus amigos. Después de la muerte no sucede lo mismo, porque el hombre encuentra en el más allá a quienes conoce y se vincularon con él en la vida del plano físico, y nunca está solo, como el ser humano entiende la soledad; también es consciente de los que poseen aún cuerpos físicos; puede verlos,
  captar sus emociones y también sus pensamientos, pues no existiendo
  el cerebro físico no actúa como un obstáculo. Si la gente tuviera
  mayor conocimiento, temería a la experiencia del nacimiento y no a la de la muerte, porque el nacimiento encierra al alma en la verdadera prisión y la muerte física es sólo el primer paso hacia la
  liberación. (17-290/1)




sábado, 10 de diciembre de 2011

MIEDOS ANTE LA MUERTE

Los tibetanos se refieren al proceso de la muerte como a
la "entrada en la luz clara y fría". Es posible que la muerte pueda
ser mejor considerada como la experiencia que nos libera de la
ilusión de la forma, llevándonos a comprender claramente que cuando
hablamos de la muerte nos referimos a un proceso que concierne a la
naturaleza material, el cuerpo, con sus facultades síquicas y sus
procesos mentales. (22-246)

El error del hombre en la actualidad consiste en: Su actitud
hacia la muerte y su sensación de que la desaparición de la vida,
fuera de la percepción visual, por intermedio de la forma, y la
consiguiente desintegración de esa forma, indican desastre. (17-20)

La destrucción de la forma, en la batalla (que tanto teme la
mayoría) es de poca importancia para quienes saben que la
reencarnación es una ley básica de la naturaleza y que no existe la
muerte. Las fuerzas de la muerte prevalecen hoy en el mundo, pero es
la muerte de la libertad, la muerte de la libertad de palabra, la
muerte de la libertad en la acción humana, la muerte de la verdad y
de los valores espirituales superiores. Estos son los factores
vitales en la vida de la humanidad; la muerte de la forma física es
un factor insignificante en relación con esto y puede fácilmente ser
corregido por los procesos del renacimiento y de la nueva
oportunidad. (13-196)

(4) Los estudiantes tienden a creer que la muerte es el fin de las
cosas mientras que desde el ángulo del fin se trata de valores
persistentes, con los cuales no hay interferencias, ni puede
haberlas, y contienen en sí la simiente de la inmortalidad. Quisiera
que reflexionen sobre esto y que sepan que todo lo de verdadero valor espiritual es persistente, imperecedero, inmortal y eterno. Sólomuere lo que no tiene valor, y -desde el punto de vista humano-
constituyen esos factores que acentúan y asumen importancia en lo que concierne a la forma; pero esos valores basados sobre un principio y no sobre la apariencia, poseen en si ese principio inmortal que conduce al hombre desde "las puertas del nacimiento, a través de las puertas de la percepción, a las puertas del propósito", según lo expresa El Antiguo Comentario. (17-499)

 (5) Muerte y  limitación son términos sinónimos. Cuando la conciencia está enfocada en la forma y totalmente identificada con el principio de limitación, considera la liberación de la vida de la forma como la muerte; pero, a medida que prosigue la evolución, la conciencia se convierte acrecentadamente en percepción de aquello que no es la forma, y en el reino de lo trascendente, o el mundo de lo abstracto, por ejemplo, en lo que ha sido abstraído de la forma y enfocado en sí mismo. Dicho sea de paso, esto es una definición de la meditación desde el ángulo de la meta y de la realización. Un hombre puede verdaderamente meditar cuando empieza a emplear la mente, reflejo del aspecto voluntad, y lo aplica en sus tres aspectos: al iniciar su entrada en el mundo de las almas, al condicionar su vida de la personalidad y al reforzar y, oportunamente, crear, el propósito del alma en su plena expresión. Esto da por resultado la total conquista de la muerte. (16-457)

(6) La muerte misma es parte de la gran ilusión y sólo existe debido
a los velos con que nos cubrimos. (5-428)

(7) El temor a la muerte y la depresión, constituyen para el hombre
el Morador en el Umbral en esta era y ciclo. Ambos indican que hay
reacción sensoria a los factores sicológicos y no pueden ser tratados mediante el uso de otro factor tal como el valor. Tienen que ser enfrentados mediante la omnisciencia del alma, que actúa a través de la mente, pero no mediante su omnipotencia. Aquí hay una indicación oculta. (17-327)

(8) La preparación para este reino constituye la tarea del
discipulado y también la férrea disciplina del quíntuple sendero de
la iniciación. El trabajo del discípulo consiste en la fundación del
reino, siendo la inmortalidad la característica primordial de sus
ciudadanos. Son miembros de una Raza Inmortal, y el último enemigo
que vencen es la muerte. Actúan conscientemente dentro o fuera del
cuerpo, no importa cuál sea; tienen vida perpetua, porque hay en
ellos algo que no puede morir, pues es de naturaleza divina. (22)

lunes, 5 de diciembre de 2011

Conciencia después de la muerte

Las personas no relacionan la muerte con el sueño. Después de todo,
la muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el plano físico; nos vamos "al exterior" por un período más largo.

 Para el ciudadano común y bueno, la muerte es la continuidad en su conciencia del proceso de la vida, y lleva a cabo los intereses y
tendencias de esa vida. Su conciencia y sentido de percepción son los mismos e invariables.

 Deben tener siempre en cuenta que la conciencia sigue siendo la misma en encarnación física o fuera de ella, donde el desarrollo puede llevarse a cabo con mayor facilidad que cuando está limitado y condicionado por la conciencia cerebral.  (5.88/9)

 Respecto a la masa humana común, que enfoca todas sus actividades y pensamiento en el plano físico, el período después de la muerte es de semiinconsciencia, de desconocimiento del lugar y de desorientación emocional y mental. En lo que a los discípulos concierne, se mantiene el contacto con las personas (generalmente con las que han estado asociados) durante las horas de sueño; continúan recibiendo impresiones del medio ambiente y de los asociados y reconocen la relación, y así (como en la tierra) asumen la responsabilidad. (6-420)

 (5) Por lo tanto, tomemos al hombre común. ¿Cuáles son sus primeras actividades y reacciones después de la restitución del cuerpo físico al depósito universal de sustancia? Permítanme enumerar algunas de dichas reacciones:

1.   Llega a ser conscientemente consciente de sí mismo. Esto involucra una claridad de percepción desconocida para el hombre común, mientras está en encarnación física.

2.   El tiempo (que constituye la sucesión de acontecimientos registrados por el cerebro físico) ya no existe tal como entendemos
el término, y -a medida que el hombre dirige su atención a su más
claramente definido yo emocional- surge invariablemente un momento de contacto directo con el alma. Esto se debe a que, aún en el caso del hombre más ignorante y subdesarrollado, el momento de la completa restitución no pasa inadvertido para el alma. Tiene un definido efecto egóico, algo parecido a un largo y fuerte tirón dado a la cuerda de una campana, si puedo emplear tan simple símil. Durante un breve segundo el alma responde, y la naturaleza de su respuesta es tal, que el hombre, situado en su cuerpo astral o más bien en su vehículo kama-manásico, ve ante sí, como en un mapa, las experiencias que ha tenido en la reciente encarnación. Registra y siente que el tiempo no existe.

 3.   Como resultado del reconocimiento de dichas experiencias, el
hombre aísla esas tres experiencias que constituyeron los tres
principales factores condicionantes en la reciente vida y que
contienen la clave de la futura encarnación, que iniciará
próximamente. Todo lo demás es olvidado y todas las experiencias
menores desaparecen de su memoria, no quedando en su conciencia nada
más que lo que esotéricamente se denomina "las tres simientes o
gérmenes del futuro", relacionadas en forma peculiar a los átomos
permanentes físico y astral, produciendo así la quíntuple fuerza
creadora de las formas que aparecerán más tarde. Podría decirse que:

a.   La primera simiente determinará más adelante la naturaleza
del medio ambiente físico en el cual ocupará su lugar el hombre que
retorna. Está relacionada con la cualidad de ese medio ambiente
futuro, condicionando así el campo necesario o zona de contacto.

b.   La segunda simiente determina la cualidad del cuerpo etérico
como vehículo a través del cual las fuerzas de rayo pueden hacer
contacto con el cuerpo físico denso. Delimita la estructura etérica o red vital, por la cual circularán las energías entrantes, y está
particularmente relacionada con ese centro especial, entre los siete, que estará más activo y tendrá mayor vitalidad durante la próxima encarnación.

 c.   La tercera simiente da la clave del vehículo astral en el que
estará polarizado el hombre en la siguiente encarnación. Recuerden
que me refiero al hombre común, no al ser humano evolucionado,
discípulo o iniciado. Es la simiente que -por medio de las fuerzas de atracción- pone al hombre otra vez en relación con quienes amó
anteriormente o estuvieron en estrecho contacto con él. Debería
aceptarse como un hecho que la idea grupal rige subjetivamente todas
las encarnaciones y que el hombre encarnado renace no sólo por el
propio deseo de obtener experiencias en el plano físico, sino también por el impulso grupal y de acuerdo al karma grupal, además del propio. Debería dársele a este punto mayor énfasis. Una vez que sea verdaderamente captado y entendido, desaparecerá en gran parte el temor que engendra la idea de la muerte. Lo familiar y amado seguirá siendo familiar y amado, porque la relación ha sido estrechamente establecida durante muchas encarnaciones, y según lo expresa El Antiguo Comentario:
"Las simientes que determinan el reconocimiento no están
exclusivamente en mí y en ti, sino también en el grupo; dentro del
grupo relacionan mutuamente a sus miembros en tiempo y espacio. Sólo
en las tres inferiores hallan su verdadera existencia quienes están
vinculados. Cuando el alma conoce al alma en el lugar de reunión,
hasta donde llega el llamado del Maestro, dichas simientes
desaparecen".

Será evidente, por lo tanto, que es necesario entrenar a los niños a
reconocer y beneficiarse de la experiencia, pues una vez aprendida,
facilitará grandemente esta tercera actividad en el plano astral
después de la muerte.

4.   Habiendo completado "la experiencia del aislamiento" el
hombre buscará, y automáticamente hallará, a quienes la influencia de la tercera simiente los señala como que forman constantemente parte de la experiencia grupal, de la cual consciente o inconscientemente es un elemento. Una vez establecida nuevamente la relación (si los buscados no han eliminado todavía el cuerpo físico), el hombre actúa, como lo haría en la tierra, en compañía de sus íntimos y de acuerdo a su temperamento y grado de evolución. También buscará a quienes están más estrechamente ligados a él, a aquellos que ama u odia, si se hallan aún en encarnación física, y -así como lo hizo en la tierra- permanecerá cerca de ellos, consciente de sus actividades, aunque (a no ser que estén muy evolucionados) ellos no se den cuenta de la de él. No puedo darles ningún detalle del recíproco toma y daca ni de los modos y métodos de contacto. Cada persona es diferente, cada temperamento es mayormente excepcional. Sólo trato de poner en claro ciertas líneas básicas de conducta, seguidas por el hombre antes del acto o actos, de eliminación.

Estas cuatro actividades abarcan diversos períodos, desde el ángulo
de "aquellos que viven en lo inferior", aunque el hombre que vive en
el plano astral desconoce el tiempo. Gradualmente el engaño y el
espejismo (en orden inferior o superior) se desvanecen, y el hombre
entra en la etapa en que sabe -porque la mente es ahora más incisiva
y dominante- que está preparado para la segunda muerte y la
eliminación total del cuerpo kámico o el vehículo kama-manásico.

(6) Después de la muerte y particularmente si ha tenido lugar la
cremación, el hombre, en su cuerpo kama-manásico, está tan consciente y atento a su medio ambiente como cuando estaba vivo en el plano físico. Esta fraseología concede cierta elasticidad respecto a la amplitud de la percepción y observación; por lo tanto la misma elasticidad debe tenerse en cuenta para quienes se hallan en el plano físico. No toda la gente está igualmente despierta ni es consciente de las circunstancias o de la experiencia inmediata. No obstante, debido a que la mayoría de las personas son más conscientes emocional que físicamente, y viven en gran medida enfocadas en sus vehículos astrales, el hombre está bastante familiarizado con el estado de conciencia en que se encuentra. Recuerden que un plano es esencialmente un estado de conciencia y no un lugar, según creen muchos. Las personas autoconscientes reconocen esto por medio de la reacción enfocada, porque constantemente y en forma característica son conscientes de sí mismas, sensibles al tema de su medio ambiente y de sus deseos exteriorizados o (en lo que respecta a las personas evolucionadas que actúan en niveles más elevados del plano astral) son sensibles a la exteriorización del amor y la aspiración; el hombre siempre es absorbido por aquello que ocupó su atención e involucró el principio kámico durante su experiencia en la encarnación. Vuelvo a recordar que en ese momento no hay cerebro físico que responda a los impactos generados por el hombre interno, y también que el sexo, tal como se lo comprende en sentido físico, no existe. Los espiritistas harían bien en recordar esto y en darse cuenta de la estupidez y también de la imposibilidad de concretar esos matrimonios espirituales que ciertas escuelas de pensamiento enseñan y practican. El hombre, en su cuerpo astral, se halla libre de sus impulsos estrictamente animales que, en el plano físico, son normales y correctos, pero ahora nada significan para él en su cuerpo kámico o de deseos. (17-360).

(7) Nuevamente puntualizaré que al considerar la conciencia del alma
  que se retira (observen esta frase), cuando inicia el acto de
  restitución, trato un tópico que no se puede comprobar en forma
  tangible ni física. A veces los hombres son traídos nuevamente a la
  existencia en el preciso instante que se produce la total restitución física. Esto sólo puede hacerse mientras la entidad consciente ocupa todavía el vehículo etérico, aunque haya logrado abandonar el cuerpo físico denso con toda intención y propósito. Aunque el cuerpo etérico interpenetra todo el cuerpo físico, es mucho más grande que ese cuerpo, y el cuerpo astral y la naturaleza mental pueden hallarse aún etéricamente polarizados, aunque esté bien encaminado el retiro y se haya producido la muerte del cuerpo físico, la cesación de toda actividad cardíaca y la concentración del enfoque básicamente etérico en la región de la cabeza, del corazón o del plexo solar. (17-338/9)

(8) Desde el momento de la total separación de los cuerpos físico
  denso y etérico, y a medida que se emprende el proceso de
  eliminación, el hombre es consciente del pasado y del presente;
  cuando la eliminación es total y ha llegado el momento de hacer
  contacto con el alma y el vehículo manásico (mental) está en proceso de   destrucción, entonces inmediatamente tiene conciencia del futuro, pues la predicción es un haber de la conciencia del alma, participando el hombre de ella temporariamente. Por lo tanto, el pasado, el presente y el futuro se ven como uno; entre una
  encarnación y otra y durante el continuado proceso de renacimiento se va desarrollando el reconocimiento del Eterno Ahora. Esto constituye un estado de conciencia (característico del estado normal del hombre evolucionado) que puede ser denominado devachánico. (17)

(9) Para el aspirante, la muerte es la entrada inmediata en una
  esfera de servicio y de expresión a la que está muy acostumbrado,
  percibiendo en seguida que no es nueva. (4-219)

(10) No tengo la intención de detallar la técnica del proceso de
  eliminación. Los seres humanos pasan por tantos estados diferentes -intermedios entre los tres ya delineados- que sería imposible definir o precisar. La atrición es relativamente fácil de comprender, porque al no producirse un llamado de la sustancia física evocando el deseo, el cuerpo kámico muere, y nada existe para nutrir este vehículo. El cuerpo astral viene a la existencia por medio de la interacción recíproca entre el plano físico, que no es un principio, y el principio deseo; durante el proceso de renacer, este principio es utilizado con dinámica intención por el alma en el vehículo mental a fin de invertir el llamado, entonces la materia responde al llamado del hombre que reencarna. El hombre kámico, después de un largo proceso de atrición, queda liberado dentro de un vehículo mental embrionario; este período de vida sentimental es excesivamente breve y llevado a su fin por el alma, que repentinamente "dirige su ojo a aquel que espera", y por el poder de esa potencia dirigida, reorienta instantáneamente al hombre kámico individual hacia el sendero descendente del renacimiento. El hombre kama-manásico aplica el proceso de retiro y responde a la "atracción" del cuerpo mental en rápido desarrollo. Este retiro es cada vez más acelerado y dinámico, hasta llegar a la etapa en que el discípulo en probación -regido por un creciente contacto con el alma- destroza el cuerpo kama-manásico, como una unidad, por un acto de voluntad mental, complementado por el alma. Observarán que la experiencia "devachánica" necesariamente será más breve en relación con esta mayoría que con la minoría kámica, porque la técnica devachánica de recapitulación y reconocimiento de las implicaciones de la experiencia, lentamente va controlando al hombre en el plano físico, para obtener la significación del significado y aprender constantemente mediante la experiencia, mientras está encarnado. De este modo, podrán darse cuenta que la continuidad de la conciencia también se desarrolla paulatinamente, y la percepción del hombre interno comienza a demostrarse en el plano físico, al principio por intermedio del cerebro físico y luego independientemente de esa estructura material. He dado aquí una definida insinuación sobre un tema que recibirá amplia atención durante los próximos 200 años.

En la persona manásica, la personalidad integrada actúa, como hemos
  visto, de dos maneras, que dependen necesariamente de la integración lograda, la cual será de dos clases:

1.   La personalidad integrada, enfocada en la mente, adquiriendo
  una constante y creciente relación con el alma.

2.   El discípulo, cuya personalidad integrada está ahora
  integrándose rápidamente con el alma y es absorbida por ella.

En esta etapa de desarrollo de la mente y de constante control mental (basada en el hecho de que la conciencia del hombre está ya
  definidamente enfocada y permanentemente centrada en el vehículo
  mental), los procesos previos a la destrucción del cuerpo astral, por medio de la atrición y el "dinámico rechazo", se llevan a cabo
  durante la encarnación física. El hombre encarnado rehúsa ser regido por el deseo; lo que queda del cuerpo astral ilusorio es dominado entonces por la mente, y el anhelo de satisfacer los deseos es rechazado con plena y consciente deliberación, ya sea por las
  ambiciones egoístas y las intenciones mentales de la personalidad
  integrada o por inspiración de la intención del alma, que subordina
  la mente a su propósito. Cuando se ha logrado esta etapa de
  evolución, el hombre puede entonces disolver los últimos vestigios de todo deseo por medio de la iluminación. En las primeras etapas de la vida puramente manásica o mental, esto se logra por medio de la
  iluminación que el conocimiento proporciona, e involucra
  principalmente la innata luz de la sustancia mental. Más adelante,
  cuando el alma y la mente establecen una estrecha relación, la luz
  del alma acelera y complementa el proceso. Entonces el discípulo
  emplea métodos más esotéricos, pero sobre éstos no me explayaré. La
  destrucción del cuerpo mental ya no se produce por el poder
  destructor de la luz misma, sino que es acelerado mediante ciertos
  sonidos que emanan desde el plano de la voluntad espiritual; al
  finalizar el ciclo de encarnación éstos son reconocidos por el
  discípulo, y algún iniciado avanzado del Ashrama o el Maestro Mismo, le permite utilizarlos en palabras-formas adecuadas. (17)

Llegamos ahora a la enunciación de una nueva ley que sustituye a
  la Ley de la Muerte y se refiere únicamente a quienes están en las
  últimas etapas del sendero del discipulado o en las primeras etapas
  del sendero de iniciación.


LEY X

Atiende, oh discípulo, al llamado que el Hijo hace a la Madre, y
  luego obedece. La Palabra anuncia que la forma ha cumplido su
  propósito. El principio mente (el quinto principio A.A.B.) entonces
  se organiza y luego repite la Palabra. La forma expectante responde y se desprende. El alma queda liberada.

Responde, oh Naciente Uno, al llamado que proviene de la esfera de la obligación; reconoce el llamado que surge del Ashrama o de la Cámara del Concilio, donde espera el Señor Mismo de la Vida. Se emite el Sonido. Tanto el alma como la forma deben renunciar al principio vida y así permitir a la Mónada liberarse. El alma responde. La forma rompe entonces la conexión. La Vida queda ya liberada, debido a la cualidad del conocimiento consciente y al fruto de todas las experiencias. Estos son los dones del alma y de la forma combinados.

He querido aclarar en sus mentes, la diferencia entre la enfermedad y la muerte, tal como las experimenta el hombre común, y ciertos
  procesos correspondientes a la disolución consciente, como son
  practicados por el discípulo avanzado o el iniciado. Estos procesos
  posteriores involucran una técnica que se va desarrollando
  lentamente, en la cual (en las primeras etapas) el discípulo es aún
  víctima de la tendencia que posee la forma a producir enfermedad como sucede con todas las formas de la naturaleza. Esta tendencia trae la subsiguiente muerte, pasando por las etapas benignas de las
  enfermedades y la consiguiente muerte pacífica, hasta las etapas en
  que la muerte se produce por un acto de la voluntad, el momento y el modo lo determina el alma, registrado y plasmado conscientemente por el cerebro. En ambos casos se manifiesta el dolor, pero en el sendero de iniciación el dolor es mayormente rechazado, no porque el iniciado trate de evitar el dolor, sino porque desaparece la sensibilidad de la forma hacia los contactos indeseables, y con ello desaparece también el dolor; el dolor es el guardián de la forma y el protector de la sustancia; advierte el peligro; indica ciertas etapas definidas en el proceso evolutivo; está relacionado con el principio por el cual el alma se identifica con la sustancia. Cuando cesa la identificación, el dolor, la enfermedad y también la muerte, pierden su aferramiento sobre el discípulo; el alma ya no está sujeta a sus requerimientos, y el hombre queda liberado, porque la enfermedad y la muerte son cualidades inherentes a la forma y están sujetas a las vicisitudes de la vida de la forma. (17-368/9)