miércoles, 14 de diciembre de 2011

CUANDO LLEGA LA MUERTE

La muerte llega al individuo, en el sentido común del término, cuando desaparece del cuerpo físico la voluntad de vivir y es reemplazada por la voluntad de abstracción.

Cuando la causa -el deseo- ha producido su efecto -la personalidad o aspecto forma del hombre- mientras exista la voluntad de vivir, persistirá la forma. Se mantiene en manifestación por la vitalidad mental. Esto ha sido demostrado repetidas veces en los anales de la medicina, porque se ha comprobado que mientras persiste la determinación de vivir así será la probable duración de la vida en
el plano físico; pero desde el instante en que falta esa voluntad o
cuando el morador del cuerpo ya no centra su interés en la manifestación de la personalidad, se produce la muerte y la
desintegración de esa imagen mental, el cuerpo. (17-333)

Cuando la vida o espíritu se retira, esotéricamente la forma muere.
Cuando el pensamiento del Ego o Yo superior, se ocupa de su propio plano, ninguna energía va hacia la materia de los tres mundos,
de manera que no es posible construir formas ni apegarse a ellas, lo
cual está de acuerdo con la verdad oculta de que "la energía sigue al pensamiento", y también con la enseñanza de que el cuerpo del
principio Crístico (el vehículo búdico) sólo comienza a coordinarse a medida que desaparecen los impulsos inferiores... El apego a la
forma, o la atracción que ejerce la forma sobre el espíritu, es el
gran impulso involutivo. El rechazo de la forma y su consiguiente
desintegración es el gran impulso evolutivo. (17-333)

La muerte sobreviene como resultado de dos cosas:
1.   La lucha entre las fuerzas, no entre la energía y las
fuerzas. La zona de conflicto existe en el cuerpo etérico y en el
físico, y ninguna energía penetra del exterior, porque el hombre se
halla gravemente enfermo.

2.   La pérdida de la voluntad de vivir. El paciente ha cedido; la
lucha interna es muy grande para él; no puede traer energía del
exterior para combatir las fuerzas antagónicas, y ha llegado a la
etapa en que no desea hacerlo. (17-436)

Será evidente que este Principio de Conflicto está estrechamente
relacionado con la muerte. Por muerte quiero significar la extracción de las condiciones de la forma -física, emocional o mental-, o la cesación del contacto (temporaria o permanentemente) con la forma física, con el espejismo astral y la ilusión mental; o el rechazo de maya, nombre dado a ese efecto omnincluyente que abruma al hombre sumergido en el materialismo de cualquier tipo y, por lo tanto, dominado (desde el ángulo del alma) por la vida en los tres mundos. Es el Principio del Conflicto, latente en cada átomo de sustancia, que produce ante todo conflicto, luego renunciación y finalmente emancipación; trae cualquier tipo de guerra, luego rechazo y finalmente liberación. Este principio, como podrá verse, está estrechamente relacionado con la Ley de Karma; a este principio se refiere Annie Besant cuando habla en uno de sus libros de que la
sustancia de la cual están hechas todas las formas, se halla -desde
el alborear del proceso creador- contaminada de karma. Un profundo
significado, oculto en la idea a menudo expresada, de que la muerte
es el gran Liberador, subyace en el Principio de Conflicto, que ha
conseguido establecer condiciones por las cuales el aspecto espíritu
se libera (temporaria o permanentemente) del aprisionamiento que
significa vivir en determinado tipo de forma, ya sea individual o
grupal. (18-498)

Es interesante observar que esta incapacidad para expresar lo
verdadero o para "ser la Verdad", es la causa real de la muerte,
entre los hombres que no han llegado a la etapa del discipulado o
todavía no han recibido la primera iniciación. El alma se cansa de
responder a la fricción de su instrumento y determina concluir la
experiencia en esa particular encarnación. La muerte, por lo tanto,
sobreviene como resultado de la fricción iniciada. (17-416)

Debe observarse también que la muerte se produce bajo la
dirección del ego, no importa que el ser humano no tenga conciencia
de esa dirección. En la mayoría, este proceso ocurre automáticamente, pues en el momento en que el alma retira su atención, la reacción inevitable en el plano físico es la muerte, ya sea por la abstracción de los hilos duales, de vida y de energía razonadora, o por la abstracción del hilo de energía calificado como mentalidad, dejando a la corriente de la vida funcionar a través del corazón, pero sin conocimiento inteligente. El alma está en otro lugar, ocupada en su plano y en sus propios asuntos. (4-361)

 El destino del hombre es morir, pues todo hombre debe morir al
requerimiento de su propia alma. Cuando el hombre ha alcanzado una
etapa superior en la evolución, deliberada y definidamente elegirá el momento en que conscientemente se retirará de su cuerpo físico, el cual permanecerá silente y sin alma, desprovisto de luz, sin embargo, ileso e íntegro; entonces se desintegrará de acuerdo con el proceso natural, y los átomos que lo constituyen volverán "a la reserva de los entes que esperan", hasta ser nuevamente requeridos para que los empleen las almas encarnantes.

 Entonces se repite el proceso en el aspecto subjetivo de la vida,
pero muchas almas ya han aprendido a retirarse del cuerpo astral sin
someterse a ese "impacto en la niebla", una forma simbólica de
describir la muerte de un hombre en el plano astral. Luego pasa al
nivel mental y deja su carcasa astral para aumentar la niebla y
acrecentar su densidad. (17.31/2)

La muerte, en lo que concierne al ser humano, se debe a la
intención y al retiro planeado del alma, presionada por su propia
intención formulada. En cierta medida esto es verdad para todo aquel
que muere, excepto para quienes poseen una inteligencia de grado tan
inferior que el alma prácticamente no es más que un agente
influyente. Para todos los que mueren, evolucionados o no, las
posteriores etapas de la disolución comienzan después del retiro
consciente del alma (consciente por parte del alma, y llegando a ser
cada vez más consciente la persona agonizante), llevado a cabo por la vida planetaria misma, que posee el poder de conferir la muerte.

Por el desarrollo de la buena voluntad, la voluntad de las buenas
intenciones y móviles, se logrará la curación de las enfermedades de
la tráquea, los pulmones y la garganta, la estabilización de las
células cerebrales, la cura de la demencia y las obsesiones y se
obtendrá equilibrio y ritmo, lográndose la longevidad, pues la muerte debería ser el reconocimiento, por parte del alma, del trabajo realizado y el merecido Pralaya, que sólo tendrá lugar posteriormente en prolongados y separados períodos y será determinado por la voluntad del hombre, quien cesará de respirar cuando haya terminado su trabajo, enviando entonces los átomos de su cuerpo al Pralaya. Entonces el cuerpo físico duerme, termina la manifestación, y el significado oculto de esto aún no ha sido comprendido. (17-88)

Les pediría recordar que en estas consideraciones nos ocupamos
de las reacciones y actividades del alma, cuando deliberadamente
atrae hacia sí su aspecto encarnado, porque ha concluido un ciclo de
vida. El término de ese ciclo puede ser largo o corto, de acuerdo al
propósito involucrado; puede abarcar sólo unos pocos años o un siglo.

Previamente al séptimo año, la vitalidad del elemental físico
constituye mayormente el factor determinante. El alma está entonces
enfocada en el cuerpo etérico, pero no utiliza plenamente todos los
centros; apenas ejerce un suave control pulsativo y una tenue
actividad impulsora, suficiente como para mantener la conciencia,
vitalizar los variados procesos físicos e iniciar la manifestación y
disposición del carácter. Esto se acentúa acrecentadamente hasta los
veintiún años, cuando se estabiliza en lo que llamamos la
personalidad. En el caso de los discípulos, el aferramiento del alma
sobre los centros etéricos, será más poderoso desde el mismo comienzo de la existencia física. Alrededor de los catorce años se determina la cualidad y naturaleza del alma encarnada y su edad o experiencia aproximada, los elementales físico, astral y mental quedan bajo control, y el alma, el hombre espiritual que mora internamente, ya ha determinado las tendencias y preferencias de la vida. (17-341)

En la familia humana sobreviene la muerte cuando el alma retira
los hilos de la conciencia y de la vida; sin embargo este proceso de
la muerte es aplicado en su totalidad dentro de los tres mundos. El
alma tiene, como bien saben, su ubicación en los niveles superiores
del plano mental. En conexión con las formas de expresión a las que
me he referido -ciclos, civilizaciones, culturas, razas, reinos de la naturaleza, etc.-, su destrucción se lleva a cabo desde fuentes más elevadas que los tres mundos donde se manifiestan. La destrucción tiene lugar bajo la dirección de Shamballa al evocar la voluntad de la Jerarquía, o de algún ashrama particular, o de determinado miembro de la Jerarquía, a fin de obtener un predeterminado resultado en los tres mundos, de acuerdo con el propósito de Dios. Podría decirse (con cierta medida de exactitud esotérica) que la destrucción producida, en obediencia a la cuarta palabra de la Regla Catorce, corresponde a algún aspecto del plan, que ha estado operando en los tres mundos de acuerdo al propósito e intención divinos.

 Externamente la destrucción no es concluyente como la muerte -en el
plano físico- del hombre. Aunque ése no sea esencialmente el proceso
que se lleva a cabo con toda rapidez como comúnmente se cree. La
forma física puede morir y desaparecer, pero sobreviene un proceso
interno donde mueren los cuerpos sutiles, y el proceso de morir no es total hasta que los cuerpos astral y mental no se hayan desintegrado y el hombre queda liberado en su cuerpo causal o egóico. Lo mismo sucede, en escala más amplia, respecto a la muerte o destrucción de las fases del Plan divino, manejadas por la Jerarquía conforme al Propósito divino. Existe una superposición entre los procesos de construcción y destrucción. Las civilizaciones moribundas están presentes en sus formas finales, mientras van surgiendo las nuevas civilizaciones; los ciclos aparecen y desaparecen, y al desaparecer se superponen; lo mismo ocurre en el surgimiento y la desaparición de los rayos y las razas. La muerte, en último análisis, y desde el punto de vista del ser humano común, es simplemente la desaparición en el plano físico, el de las apariencias. (18-257)

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